Laboratorio de Ideas: Guiatura para la vocación creativa
Para los jóvenes con vocación creativa, los principales obstáculos son la incomprensión de sus padres, quienes temen por su futuro, y la duda sobre cuál área del diseño estudiar. Para guiar a estos talentos, el Laboratorio de Ideas abrirá pronto su nueva edición. Mediante una metodología didáctica probada, este espacio orienta a los estudiantes a elegir la especialidad de diseño adecuada. A través de clases teórico-prácticas, el programa disipa dudas vocacionales y transforma la incertidumbre familiar en un camino profesional con un futuro de gran potencial.
Detrás de cada gran obra de diseño o arquitectura no hay un rapto de inspiración divina, sino un riguroso y, a menudo, incómodo camino de exploración. Esta es la premisa fundamental del Laboratorio de Ideas, una iniciativa pedagógica de orientación vocacional que busca guiar a jóvenes y estudiantes en la comprensión de su propia metodología creativa antes de dar el salto a la educación superior en cualquiera de las especialidades del diseño.Fundado hace aproximadamente cuatro años por el arquitecto Argenis Suárez, el proyecto nació de la inquietud de buscar la habilidad espacial como un proceso cognitivo clave en la niñez. Con la incorporación de Roxana Jiménez y el desarrollo de una estructura metodológica más rigurosa, el taller se ha transformado en un puente vocacional esencial para quienes se debaten entre la arquitectura (que representa cerca del 80% de los participantes), el diseño industrial, el diseño gráfico, de moda o de interiores.
Fotografía: Airan Cadavid.
Argenis Suárez inicia el Laboratorio de Ideas tras su defensa de tesis para la Maestría en Urbanismo Próximo en España. Luego de la primera edición, conoce a su colega Roxana Jiménez, “y esto agarra otro cuerpo completamente diferente, muchísimo más metódico y estructurado. Pero el propósito se mantiene: buscar un espacio para estas personas que les interesa estudiar diseño o que ya lo hacen, pero todavía no saben cuál escoger”, explica Suárez.
Complementa estas ideas Roxana Jiménez, quien señala que “el curso no va de que te vuelvas arquitecto, ni diseñador, sino de que tengas la experiencia del proceso creativo previo a la universidad. O sea, de que entiendas de que las cosas no salen de la nada, y que los chamos, tomen conciencia de que en cualquier proceso creativo hay que investigar, sentarse a leer, hay que estudiar referencias y materiales. Nosotros nos enfocamos mucho en esto, porque muchos jóvenes llegan con la idea de ser originales, y que de algún lugar mágico les va a llegar la idea”.
Fotografía: Airan Cadavid.
Desarmar la inspiración: La metodología del Laboratorio
La propuesta no busca formar arquitectos o diseñadores de manera inmediata, sino sumergir a los estudiantes en la experiencia del proceso creativo real, desmitificando la idea de la "originalidad" absoluta. La estructura se distribuye en cinco sábados de taller intensivo, diseñados bajo un esquema de paso a paso:
El recorrido comienza de manera intuitiva a través del collage, un medio sin reglas ni límites que sirve para exteriorizar recuerdos, intereses y visiones personales.
Posteriormente, el taller se adentra en el estudio de los referentes, considerados el núcleo del curso. En esta etapa, se invita a los participantes a traer referencias de cualquier índole —desde directores de arte hasta diseñadores contemporáneos— con el fin de enseñarles que sus ideas no surgen de la nada y otorgarles un soporte conceptual sólido. Los líderes del Laboratorio de Ideas reconocen que se han sorprendido varias veces con las selecciones de los participantes, porque han llevado referencias como Annie Atkins, diseñadora gráfica de la película Gran Hotel Budapest, los diseñadores de moda Virgil Abloh y Demna Gvasalia o los interioristas Ana Volante y Totón Sánchez por Venezuela.
Las jornadas articulan una hora y media de teoría pura con el trabajo práctico del taller, en los que se abordan conceptos compositivos avanzados como ritmos, proporciones, geometría y generación de ideas, bajo la guía de docentes como Eliana Ramírez.
Fotografía: Airan Cadavid.
Asimismo, tras evaluar ediciones anteriores, la metodología incorporó una sesión dedicada exclusivamente a la representación técnica. Guiados por Laura Álvarez y Lewis Rodríguez, profesores de la FAU-UCV, los alumnos aprenden sobre isometrías, cortes y valorización de líneas como herramientas esenciales para plasmar sus maquetas.
El proceso culmina con el prototipado, donde el cartón y los materiales reciclados se convierten en los principales aliados para materializar los volúmenes propuestos. Durante este paso, los profesores promueven activamente el error y la incomodidad como campos seguros para el aprendizaje, forzando a los estudiantes a resolver problemas de ensamblaje y escala. Al respecto, reflexiona Argenis Suárez: “A veces hay una obsesión por hacer las cosas extremadamente limpias, y es como que ya va, primero necesitamos que las cosas tengan su volumen para después limpiarlas”.
“Insistimos muchísimo a los chamos en que el Laboratorio es un espacio seguro y que no los vamos a juzgar porque cometan un error, porque justamente queremos que se equivoquen para poder tener los resultados óptimos”, agrega Roxana Jiménez. “Cuando digo óptimos, me refiero a que sea un resultado con el que se sientan contentos, pero generalmente ellos quieren hacerlo en un solo intento. Nosotros les enseñamos la importancia del error”.
La última edición del Laboratorio de Ideas se dedicó a la iluminación, con el apoyo de la empresa EOS Iluminación, que expuso los prototipos resultantes, todos funcionales, en su espacio comercial durante el Caracas Design Week 2026.
Fotografía: Diego González. Exhibición de resultados en la Caracas Design Week 2026.
Un ecosistema para desbloquear el potencial
El Laboratorio no solo atiende a jóvenes de bachillerato (con una edad mínima de 15 años). También se ha convertido en un refugio para estudiantes universitarios o profesionales con bloqueos creativos. Casos como el de una estudiante de diseño industrial que desarrolló macetas biodegradables con borra de café para reenganchar con su carrera, o artistas plásticos que exploran nuevas fronteras volumétricas, demuestran el alcance de esta experiencia.
Roxana Jiménez aprovecha para aclarar: “No somos gestores de cupo ni tenemos nada que ver con el ingreso a la universidad. Y eso lo dejamos claro así a cada rato”.
El éxito de la propuesta radica en su ecosistema académico intergeneracional, que suma a profesionales con décadas de trayectoria —como María Carolina Espinal o Gianni Napolitano— con creadores emergentes y especialistas en oficios prácticos como Robinson Moreno en madera, Dayana Maldonado, Daniela Giraud y Alba Izaguirre, que fue expositora por Venezuela en el Salón Satélite de este año. Las entregas finales se realizan ante jurados de la disciplina que evalúan la narrativa, el criterio y la consistencia de cada proyecto por encima de la simple estética formal.
Fotografía: Diego González.
Coordenadas para la Quinta Edición
Tras cuatro exitosas cohortes, los organizadores se preparan para el lanzamiento de su quinta edición, la cual aspira abrir sus puertas en octubre de 2026. Las redes sociales del proyecto comenzarán a movilizarse a partir de septiembre para iniciar formalmente el proceso de postulación de los futuros creativos.






