Génesis del diseño gráfico en Venezuela: El código visual de los ancestros
Mucho antes de que las naves españolas avistaran la costa de Paria en 1498, en el territorio que hoy define a Venezuela ya se gestaba el germen de manifestaciones visuales rupestres.
Los petroglifos, geoglifos y pinturas rupestres no son meros caprichos estéticos, sino un itinerario
visual de unidades de significación que funcionaban como verdaderas piezas
comunicacionales. Los pobladores originarios de Venezuela no solo habitaban el paisaje, sino
que lo intervenían con grafismos primigenios que trascendían lo ornamental para
convertirse en sistemas de identidad y códigos de relación con lo sagrado.
Esta voluntad de marcar y significar constituye la verdadera
prehistoria del diseño gráfico venezolano, estableciendo un lenguaje visual
autóctono siglos antes de que los europeos impusieran sus prácticas y cánones.
El hallazgo de un lenguaje visual: La mirada de Humboldt
El reconocimiento científico de estas manifestaciones
comenzó con la mirada enciclopédica de Alejandro de Humboldt. Fue el explorador
alemán quien, maravillado por la morfología de estos signos, realizó el primer
registro sistemático de lo que hoy clasificamos técnica y morfológicamente en
tres tipologías fundamentales:
- Geoglifos:
Intervenciones de gran escala trazadas directamente sobre el suelo. Estas
obras representan una voluntad de modificar el entorno terrestre para ser
visto desde planos superiores, guardando una estrecha relación conceptual
con referentes internacionales de la magnitud de las líneas de Nazca en
Perú.
- Petroglifos:
Grabados ejecutados sobre soportes pétreos mediante técnicas de alto o
bajorrelieve, donde la piedra se convierte en el soporte de un mensaje
perdurable.
- Pinturas
rupestres: Expresiones pictóricas aplicadas directamente sobre
superficies rocosas, utilizando pigmentos para dar vida a la narrativa
visual de la comunidad.
Entre la abstracción y la figuración
La creación de estos símbolos no era un acto azaroso, sino
una operación creativa de sistematización visual que requería dominio técnico y
una capacidad de abstracción geométrica envidiable.
Los hacedores prehispánicos no solo dominaban métodos
mecánicos como el descascarillado, la percusión y la fricción; poseían además
un conocimiento químico. Utilizaban una resina vegetal específica diseñada para
"ablandar" la piedra. Tras un tratamiento previo que duraba algunos
días, la superficie cedía, permitiendo realizar incisiones precisas para
delimitar los contornos de sus símbolos. Esta planificación temporal denota una
intencionalidad técnica que supera la mera improvisación.
El repertorio visual indígena oscila entre patrones
abstractos repetitivos y formas figurativas que representan una síntesis
gráfica efectiva de figuras animales y humanas.
Con una economía de recursos expresivos que anticipa el
minimalismo moderno, lograron capturar la esencia de la fauna tropical (osos
hormigueros, reptiles, monos y aves). No obstante, es en las figuras
antropomorfas donde la morfología alcanza su punto más alto: cuerpos
estilizados, cabezas y rostros que incorporan "aditamentos
abstractos", fusionando lo humano con lo simbólico. Esta capacidad de
síntesis no es una carencia de detalle, sino un valor de diseño que prioriza la
legibilidad y la fuerza del símbolo.
Origen prehispánico en dos reconocidas marcas venezolanas: Hotel Caracas Hilton (arriba), PDVSA (abajo).-
Los códigos de la cosmogonía
Humboldt observó con perplejidad la ubicación de petroglifos
en lugares altos y de acceso casi imposible. Hoy, la antropología nos ofrece
una explicación que vincula el diseño con el entorno: originalmente, estas
zonas sufrían inundaciones periódicas, lo que obligaba a los autores a trabajar
desde canoas. Esta adaptación al medio ambiente subraya que estas obras fueron
diseñadas para un contexto físico específico.
Más allá de lo logístico, es vital entender la
"utilidad" mágico-religiosa de estas piezas, un punto en común con
las pinturas rupestres de otras partes del mundo. No son decoración
paisajística; son códigos gráficos desarrollados para conectar a la comunidad
con su cosmogonía. Cada trazo era una herramienta de comunicación con el orden
del universo, una interfaz entre lo terrenal y lo divino.
De la piedra al símbolo corporativo moderno
La herencia visual de nuestros ancestros no se extinguió con
la transculturización; por el contrario, fue rescatada en el siglo XX para
dotar a la modernidad venezolana de una identidad propia. Estas formas
primigenias sirvieron de base para las primeras grandes "marcas-país"
de nuestra historia contemporánea.
La integración de esta síntesis ancestral en la identidad
corporativa nacional se hace evidente en obras maestras del diseño:
- EDELCA
y PDVSA: El diseñador Jesús Emilio Franco depuró la forma
ancestral para convertirla en la marca de Petróleos de Venezuela en 1975. Por
otro lado se sabe que el emblema de la Electrificación del Caroní (EDELCA) fue diseñado por un arquitecto (desconocemos por los momentos su nombre),
tomando como inspiración directa los petroglifos indígenas ancestrales
descubiertos en la región de Guayana, específicamente en la zona del río
Caroní.
- Hotel
Caracas Hilton y Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía:
El maestro Gerd Leufert elevó los grafismos prehispánicos a un estándar
internacional, creando marcas de una potencia visual tal que, incluso en
el caso del hoy extinto Caracas Hilton, permanecen en la memoria colectiva
como hitos de nuestra cultura visual. Para el Aeropuerto de Maiquetía, el
diseñador de origen lituano “se inspiró” en los petos indígenas que
reproducen las formas de los murciélagos con las alas desplegadas.
Reconocer esta herencia previa a la conquista es un acto de
justicia histórica y profesional. Antes de que los sistemas europeos
introdujeran la bandera real, la heráldica de los apellidos castizos o los
sellos de lacre, ya existía en este territorio una voluntad de marcar,
identificar y comunicar. El petroglifo debe valorarse como la verdadera primera
"marca" de nuestra historia; un símbolo de permanencia que, a pesar
de los siglos, constituye el ADN fundamental de la identidad visual venezolana.




