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Las palabras no son solo formas. Son decisiones

                                Signos estilísticos de la tipografía Estero por Yorlmar Campos.

Presentamos las reflexiones de Yorlmar Campos, arquitecto, diseñador de tipos y jurado por Venezuela en esta edición de Tipos Latinos.


Hay algo que me sigue sorprendiendo cada vez que me siento a pensar en lo siguiente: Tipos Latinos no es solamente una participación personal. Es una comunidad diciéndose a sí misma que tiene algo propio que discutir. Esa afirmación, que podría parecer austera, me parece en realidad una declaración de autonomía. Y como toda declaración, exige ser sostenida en el tiempo, alimentada, y defendida con trabajo concreto, con la convicción de que lo que se está construyendo vale la pena.

Lo que más me conmueve de ese gesto colectivo es su dimensión cotidiana. El tipógrafo no diseña desde afuera de la lengua: la habita. Se apropia de sus combinaciones, de sus frecuencias, de sus ritmos, de sus silencios. Termina viviendo dentro de sus propios signos, reconociendo en cada curva una decisión que tomó meses atrás, preguntándose si fue la correcta. Para mí hay algo profundamente íntimo en eso. Y es algo que también obliga, porque quien habita una lengua con esa profundidad empieza a ser responsable de cómo otros la van a leer. 


Pienso además en el primer trazo. En ese momento en que el lápiz o el cursor toca por primera vez el papel o la pantalla y empieza a sugerir una forma. Ese trazo ya es latinoamericano en potencia, pero solo eso. Siguiendo con el ejemplo de la tipografía digital, colocar ese primer nodo como una bandera no alcanza. Hace falta una intención detrás, una conciencia del contexto, una decisión de que ese trazo va a sostener algo más que la forma de un carácter. La latinoamericanidad tipográfica según mi punto de vista no se hereda por procedencia: se construye. Es un proyecto, no una etiqueta geográfica. Y se vuelve argumento en el momento en que el diseñador es capaz de leer en su propio trazo la historia que lo produjo, la geografía que lo rodea y la lengua que va a alojar. 

Cuando eso ocurre, cuando el rigor técnico y la conciencia cultural aparecen al mismo tiempo y en la misma decisión, el resultado no es tipografía latinoamericana como «denominación de origen». Es tipografía latinoamericana como postura. Como una forma de estar en el mundo del diseño que no imita per se, y que su motivo sustancial no aspira a parecerse a otra tradición, sino que se pregunta ¿qué tiene para decir desde donde está?. 

Hay una categoría que me interpela con especial profundidad en ese sentido: la tipografía para texto continuo. Diseñar una fuente para lectura es asumir que ese trabajo deberá funcionar en silencio durante décadas, en contextos que el diseñador no puede anticipar del todo, en manos de lectores que nunca sabrán el nombre de quién la diseña. Es un ejercicio de humildad radical.


                                                Equipo de diseño de Typetogether.


No apela a los modismos de la contemporaneidad, no busca sorprender ni escandalizar, más bien busca perdurar. Y perdurar, en tipografía, es quizás la forma más exigente de la excelencia. 

Un tipo para texto bien diseñado es aquel que el lector olvida mientras lee. Su mayor logro es su propia invisibilidad. Y esa invisibilidad es, paradójicamente, el resultado de las decisiones más complejas de todo el proceso; el espaciado, el ritmo óptico, la coherencia formal en cuerpos pequeños, la legibilidad sostenida en lectura prolongada, el confort en la lectura, y actualmente el comportamiento en pantalla y en papel al mismo tiempo. Diseñar un «clásico» no es diseñar algo antiguo. Es diseñar algo que aún no ha envejecido, algo que va a seguir siendo útil cuando las tendencias que hoy parecen urgentes ya no le importen a nadie. 

Por eso me pregunto, con una curiosidad genuina y sin el ánimo de señalar, ¿por qué la participación en esa categoría sigue siendo proporcionalmente baja?. Un crecimiento sostenido en ese ámbito demostraría algo que me parece importante: que la preocupación del tipógrafo latinoamericano ya no pasa únicamente por diseñar algo sorprendente o formalmente novedoso, sino por consolidar un producto con un nivel de calidad industrial competitivo globalmente, capaz de estar a la altura de cualquier fuente producida en cualquier parte del mundo. Ese me parece un salto cualitativo que vale la pena desear colectivamente, y también trabajar para que ocurra. 
Equipo de diseño de Typetogether.


Ser jurado en esta edición me permitió ver todo esto con más claridad, y también con cierta «inquietud afectuosa» (no sé muy bien cómo nombrarlo). Los proyectos han alcanzado un nivel de profesionalismo alto, así que las diferencias de calidad son sutiles y las decisiones exigen mucho cuidado. La fortuna de contar con un jurado plural, cada integrante con su propia carga cultural y su propia historia con el oficio, enriquece el proceso y permite construir una mirada que ninguno de nosotros podría sostener en soledad. 

Lo que emerge de esa mirada colectiva es fascinante, los proyectos viajan y mutan de una región a otra como si siguieran corrientes invisibles. Donde antes había frescura y riesgo, aparece ahora madurez y precisión. La originalidad como valor en sí misma cede paso a la pertinencia frente al problema que se quiere resolver. En otras regiones, donde el profesionalismo ya había tocado un techo, se recupera justamente esa frescura, la voluntad de explorar los límites, de preguntarse ¿qué pasaría si pasa lo otro?. Es un ciclo que recorre el continente a velocidades distintas y con objetivos propios, y eso habla de una vitalidad que me alegra profundamente. 

Muestra de palabras de la tipografía Guaire, por Yorlmar Campos & Fernando Pujolá.


También me alegra, y mucho, el creciente interés por las lenguas amerindias, que gana presencia de bienal en bienal. Ojalá no solo se sostenga sino que crezca, que encuentre más diseñadores dispuestos a hacer ese trabajo que es técnicamente exigente y culturalmente urgente. Diseñar tipografía para una lengua históricamente desatendida por la industria global no es un gesto folclórico ni decorativo, es un acto de soberanía y de posición política. Es decirle a esa lengua que merece la misma atención formal que cualquier otra. 

Igualmente alentador me parece el despertar pragmático que se observa en el uso de tipografías latinoamericanas para la producción editorial. Que las agencias de diseño, los editores y los diseñadores de la región empiecen a elegir tipos diseñados aquí es un signo de madurez identitaria, y también un voto de confianza en la producción propia que hace unos años era difícil de imaginar. 

Y sin embargo, hay algo que me genera una inquietud que no puedo dejar de nombrar, con el mayor de los afectos; a pesar del volumen de participación, el diseño tipográfico latinoamericano tiende a orbitar alrededor de los mismos nombres. El entusiasmo existe, pero no siempre se traduce en práctica sostenida. 


Obesa, RNS typefoundry.


Me pregunto ¿qué hace falta para que ese interés inicial se convierta en un compromiso de largo plazo con el oficio?, ¿si es una cuestión de mercado, de formación, de referentes, de comunidad, o de todo eso al mismo tiempo?. Creo que si logramos entender ese momento en que alguien decide no continuar, podremos construir mejores condiciones: más escuelas de diseño y universidades con materias orbitando sobre la tipografía, más industria involucrada con el desarrollo local tipográfico, más eventos que convoquen y sostengan, más colegas que acompañen. Para que más personas encuentren en la tipografía no solo un proyecto puntual, sino una práctica que las conduzca y las interpele a lo largo del tiempo. 

Porque unas palabras no son solo formas. Son decisiones que alguien tomó pensando en otro. Y ese otro, en América Latina, tiene mucho todavía por leer.

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Yorlmar Campos es un destacado arquitecto egresado de la Universidad Central de Venezuela y diseñador tipográfico con una Maestría en Tipografía por la Universidad de Buenos Aires, reconocido internacionalmente por su labor en la creación de fuentes digitales y su rol como docente en la FADU-UBA. Con una trayectoria que incluye su paso por el prestigioso estudio Fontana Diseño junto a referentes como Rubén Fontana, actualmente se desempeña como jurado en eventos de diseño de alto nivel y colabora con fundidoras de renombre como TypeTogether, RNS Fonts y proyectos para Google Fonts

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