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Plasticata: “Mi objetivo es que se note que mi arte está hecho con plastilina”

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La artista oriunda de Valencia, estado Carabobo, es la principal exponente de técnicas de ilustración innovadoras que desarrolló por su cuenta y comparte a través de talleres, exposiciones y muestra en su primer libro "Greeny, la oveja verde de la familia".


Desde hace años todos los que la conocen la llaman Plasticata: “rara vez me dicen Olga”, reconoce la valenciana que cambió la publicidad por la ilustración con plastilina, una expresión artística innovadora, cuyos procesos y técnicas ha aprendido por su cuenta.

Antes de convertirse en Plasticata, Olga García trabajó 18 años en el área de mercadeo de empresas en Valencia, Venezuela. Originalmente obtuvo un TSU en Publicidad, una carrera que eligió por pragmatismo: “Siempre quise estudiar arte, pero decidí irme por una rama más comercial, porque a mi generación le decían que del arte no se vive”, rememora, a la vez que indica que en su formación se incluyeron pinceladas creativas, como diseño básico y colorimetría. “Para ser publicista, hay que ser medio artista”, dice.

Al cabo de algunos años, cursó la licenciatura en Publicidad en la Universidad Alejandro de Humboldt, que la condujo a ser una gerente bien remunerada, pero infeliz.

Decidió renunciar para tomar un año sabático en el que exploró sus capacidades artísticas, dibujando y aprendiendo diferentes técnicas, hasta que se topó con la plastilina, justo en el momento en el que había agotado sus prestaciones y ahorros.



El momento Eureka

A consecuencia del descubrimiento de este material asociado al kindergarten, nació Plasticata, marca y alter ego de una Olga devenida artista.

La sorprendió el trabajo de artistas europeos que le volaron la cabeza, sobre todo, los ucranianos y los rusos. También la inspiraron los libros infantiles escritos y hermosamente ilustrados con plastilina por la canadiense Barbara Reid y los impresionantes murales del colectivo argentino Mondongo.

Sin embargo, se dio cuenta de que en Latinoamérica, aún la ilustración con plastilina es poco empleada y que los curadores no suelen considerar esta técnica como arte, aunque hallamos excepciones en exposiciones como “Manifestación”, del dúo Mondongo, que tuvo lugar en el Malba de Buenos Aires.




La versatilidad del material sedujo a Plasticata: “me gusta porque brinda color, volumen y textura. Permite trabajar en 2D o en 3D, se puede trabajar modelado o esparcido, por lo que te exige saber dibujar, componer y diagramar”, detalla con emoción.

Desarrolló la técnica por ensayo y error, sin academia formal, porque no hay escuelas que enseñen a ilustrar con plastilina. Quienes se dedican a esta curiosa manifestación artística suelen tener bases de escultura y pintura.

En medio de su búsqueda, Plasticata encontró en Facebook el grupo Escuela de plastilina, que define como “un espacio de encuentro, en el que los miembros comparten imágenes de lo que hacen. El 90% hace figuras modeladas como pasatiempo”.

“En ese grupo conocí a un chico de Cabudare que trabajaba lo que yo quería hacer. Lo contacté y fue muy juicioso, me preparó unas guías”, cuenta la artista valenciana, que también cursó un diplomado en Escultura Básica con un profesor de la Universidad José Antonio Páez. Allí descubrió que la expresión tridimensional no era su camino creativo.



Modelando una carrera

En 2012, con apenas cuatro meses experimentando las técnicas con plastilina, la hermana de Plasticata tuvo la osadía de postularla para el Nido Creativo, el conocido mercado de arte y diseño de Valencia. “Yo no sabía que ella había enviado las fotos de lo que había hecho en aquel momento. Cuando me aceptaron, me fajé a hacer 120 piezas en un mes y medio”, recuerda muerta de risa y continúa: “Como publicista, pensé en las piezas como productos en formato pequeño para llenar un stand”.

Si bien le tocó esforzarse en explicar al público que sus piezas estaban hechas en plastilina, de esa primera exhibición surgieron los talleres para niños y su primer cliente: el diseñador gráfico Alirio García, que le encomendó trofeos en 3D para los equipos humano-caninos de su academia de Agility.


La revista Estampas le solicitó una ilutración para su portada impresa.

Este encargo la consolidó como creadora de figuras de animales y naturaleza, “no hago figuras humanas”, comenta, aunque los talleres para niños la han obligado a ceder, porque “a las mamás, que son las clientas, no les interesa la ilustración, sino los muñequitos de moda. He incorporado Pokemones y personajes de videojuegos. Antes estaba reacia, porque insistía en trabajar sólo animales, pero mi sentido mercadológico se encendió y me hizo recapacitar. No soy bohemia, porque como de esto, soy más práctica”, asegura.

En la actualidad, el público objetivo de Plasticata son mujeres de 20 a 45 años, mamás jóvenes naturalistas y ecológicas.


Las cualidades de la plastilina en el arte

Ya habíamos mencionado que Plasticata llegó fortuitamente a la técnica de la ilustración con plastilina, la cual desarrolló experimentando por su cuenta.

En su andar detectó que la calidad de la plastilina es muy importante: “siempre he empleado marcas comerciales que se venden para el uso escolar, tomando en cuenta que deben ser maleables, flexibles y suficientemente grasosas”, pues este material es fabricado con parafina.

Plasticata revela que ha probado los productos disponibles en el mercado venezolano, pero la mayoría no tienen suficiente grasa. Terminó decantándose por Mi Trensito, de origen colombiano, que ofrece una rica variedad de colores que tienen la virtud de no opacarse con el paso del tiempo.

Un detalle del trabajo en plastilina es que debe ser resguardado correctamente para que la pieza se mantenga bien. “La duración es importante, tengo obras que hice hace 12 años que están intactas”, asevera.




La conservación la ha logrado con el encapsulamiento: “Cuando hacía más tridimensional, cazaba frascos de vidrio. Las piezas las colocaba sobre una base de corcho cortado manualmente a la medida. Hice una serie de figuras que coloqué dentro de shots de tequila con su base de corcho”.

Como terminó dedicándose a las técnicas ilustrativas, mandó a fabricar cajas en carpinterías y vidrierías, para enmarcar de forma más económica el soporte de lienzo sin bastidor. Actualmente tiene la ventaja que encuentra portarretratos profundos traídos de China.

Vale aclarar la delicadeza de las obras, que viene dada por las características de un material que es difícil de trasladar, porque es muy sensible a las condiciones de temperatura. En este sentido, Plasticata señala que por esta razón no comercializa fuera del país, porque es complicado. “Las piezas que han salido y han llegado bien, es porque han sido transportadas como equipaje de mano”.

Greeny, la oveja verde: El desafío editorial

En septiembre de 2025, Plasticata presentó en su ciudad su primer libro: Greeny, la oveja verde de la familia, publicado a lo grande, con tapa dura, por la Editorial Folios.

Ella nos relata que Greeny nació de un curso de “libro álbum” dictado por una facilitadora mexicana en Doméstika, que animaba a los participantes a realizar como trabajo final una maqueta.

“Yo no escribo, pero igual redacté textos cortos, porque el peso lo llevaba la ilustración en plastilina”.

La chispa que generó la protagonista del libro infantil fue una frase escrita en una tula colombiana que decía: “Soy la oveja verde de la familia”.




“Greeny debía ser una niña vestida con una falda y botas de exploradora, con la personalidad parecida a la de mi sobrina. Como llevo años trabajando con niños, se me facilitó configurar el personaje, porque mucho material me lo dieron mis alumnos”, cuenta Plasticata.

El verdadero reto de la ilustradora-autora fue proyectar un libro de 35 páginas: “desconocía la magnitud de ilustrar esa cantidad de páginas, cuando lo usual son entre 15 y 20”, confiesa y prosigue: “El proceso editorial se llevó a cabo en año y medio de trabajo, durante el cual conté con el apoyo del equipo muy profesional de la editorial, que se abocó a corregir el texto y fotografiar en alta resolución. Se veía hasta la pelusa que se le pegaba a la plastilina”, dice Plasticata riendo.

En cinco meses bien vividos, la creadora hizo las ilustraciones, donde resalta su estilo propio, cuya esencia la definen las texturas y los colores vivos. En su primera obra editorial cumplió lo que se había propuesto como artista: “mi objetivo es que se note que mi arte está hecho con plastilina”.

Finalmente, tras un proceso exigente y técnicamente complejo, el libro Greeny, la oveja verde de la familia fue impreso en Bogotá, siendo el primer libro ilustrado con plastilina publicado en Venezuela.

Entre los planes 2026 de Plasticata están atender una invitación que le extendió una galería de Oaxaca (México), y presentar su libro en Caracas: “Acá sigo 13 años después”, asegura con la alegría de quien ha conquistado cada victoria a fuerza de perseverar.

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